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«Hotel room nº 205» Beatrice Albarn

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«Hotel room nº 205» Beatrice Albarn

Mensaje por Alphonse B. Deutsch el Mar Mayo 06, 2014 6:58 pm


Hotel room nº 205

with Beatrice Albarn


Pasillos oscuros, a éstas horas algunos debían de estar dormitando. ¿Qué hacía nuestra querida bestia?, leyendo, leía para calmar sentimientos negativos e inciertos, nadie querría entrar a esa mente, ¡es un laberinto y él, el minotauro! Sus ojos recorrían el hilo de la unión de palabras y frases que tenían un sentido propio, el libro no tenía tapa, porque ése libro era su diario intimo. ¿Tenía diario?, claro, aquellas hojas contaban a puro detalle sus crímenes, sus pensamientos que salían del interior de su fría personalidad, los días de cuando estaba vivo y respiraba. No hablaba con otros fantasmas, nunca lo hace, tampoco es que molestará siempre a los humanos…

Pero cada tanto rememoraba esos días para saciar el hambre que ruge desde lo más profundo de sus entrañas muertas, porque un monstruo necesita de comer y existir, pero seguirá vagando por las frías paredes hasta que su alma buscase la paz. ¿Y cómo puede encontrarla?, si cada día que pasa sus deseos de venganza incrementan. La viva imagen de un ex amor caminado y trabajando en el mismo lugar que murió, se lo impiden. Lo disfruta, su retorcida mente se divierte intimidando almas débiles. Entrecerró los ojos y detuvo por un momento el repaso de su vida. Estaba cómodo en uno de los sofás individuales que allí estaba estratégicamente, meditabundo se froto la barbilla despacio. Debería volver el viejo diario gastado de nuevo a su escondite, ¡ah!, olvide decir que él estaba en un disfraz humano, su apariencia original. No le gustaba cambiarla porque no permitiría apreciarse de otro modo, admira sus ojos de hielo y su dorada melena.

Con parsimonia se levantó, arreglando un traje que le quedaba a la medida. A pasos taimados, fue adentrándose a los pasillos con luz, buscando paciente su respectivo dormitorio del piso quinto. Afortunadamente, nadie se atrevía a pisar un pie allí, porque en la mayoría de los casos hacía perder la llave a propósito para que nadie entre, o saliera para contarlo. Lamentablemente, aparecían copias y copias de la misma llave, el dueño deel hotel no iba a permitir que nadie se quedase sin habitación por un descuido por parte de sus empleados. Culpándoles de inútiles tras perder una llave por una distracción. Llevaba el cuaderno debajo del brazo, y extrañamente el silencio reinaba, no habían niños chillones, no había empleadas paseando con sus chirriantes carritos, tampoco habían adolescentes besuqueándose en el medio del camino, era él y su zona, porque  cree que es rey de éste piso, al menos. Admiró al fantasma de una anciana, no tenía ojos, y tenía cortes en sus muñecas. La historia dice que su nieto la maltrataba. Asintió con su cabeza, un saludo educado sin siquiera cruzar palabras y prosiguió con su elegante paso.

Se detuvo al ver un hombre intentando abrir las puertas de su cuarto y sigilosamente se posicionó detrás— Buenas noches —murmuró la presencia escalofriante—, ¿qué está haciendo? —Claramente, escondía enojo en su voz, inexpresivo porque odiaba a aquellos extraños que se escabullían como ratones sin haber sido invitados.

— I-intento abrir la puerta… —tartamudeó con un olor particular a vino, y el rubio con urgencia le arrebató las llaves de su temblorosa mano, cualquiera podría decir que es un vampiro gracias a su pálida apariencia—. Estás llaves no son de esta habitación. —Las había inspeccionado, el número decía 250, no 205. Al parecer el otro estaba bastante bebido, así que no lo le echara en cara su error, sólo se las devolvió con serenidad. El otro asintió, y en segundos disparó de ahí. De su cuello descolgó la llave, y abrió lentamente. Con impresión abrió los ojos, había maletas vacías y al parecer una persona se iba a quedar allí por vaya a saber cuanto tiempo. Sus ojos se pusieron blanco en segundos: —  ¿Qué significa esto?… — ¿Quién fue la valiente que se atrevió a pedir su habitación?, más bien pensaba. Ningún empleado se atrevería a poner un cliente a las fosas del señor tenebroso, a sabiendas que muchas empleadas no se animan a entrar. Escondió el libro improvisadamente, se volvió invisible, y se sentó en una silla antigua, pero es ahora SU silla.
               




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Re: «Hotel room nº 205» Beatrice Albarn

Mensaje por Beatrice Albarn el Miér Mayo 07, 2014 9:46 am

  205, 205...era el número que en su mente resonaba constantemente desde que había sabido que sería el número de su habitación. No había podido contemplar la cara de los hespedes cuando oyeron tal cifra infernal pero por el silencio spulcral que se formó pudo sacar como conclusión que su estancia en aquella habitación quizás no sería todo un camino de rosas. Su padre se había encargado de decirle a la dirección que le cediesen el cuarto que fuese conveniente, que Beatrice era una joven de gustos extraños y comportamientos fuera de lo normal y que no tendría problema en aceptar alguna estancia que estuviese..."embrujada". Y allí se encontraba, con aquella llave entre las manos preguntandose por qué habría aceptado, conociendo sus antecedentes siempre iba a parar con el peor de sus espíritus y no quería que nada más llegar se topase con dicho fantasma, creando un auténtico espectaculo que lograria hacer resonar su nombre durante semanas o incluso meses por toodo el hotel.  

  Supiró, al menos le habían subido las maletas a su cuarto y no tendría que andar subiendo con ellas en las manos, añadiendole la dificultad de los tacones. Ahora que era más consciente de a lo que,  posiblemente, tendría que enfrentarse no tardó en preguntarse qué le habría pasado al alma atormentada que estaba ligada a la habitación 205. A lo largo de su vida había podido escuchar y casi palpar un sin fin de historias de auténtico terror, de venganzas y engaños, de asesinatos premeditados e incluso asesinatos en masa...no eran historias realmente encantadoras pero siempre le resultaba curioso saber la manera en la que había muerto el fantasma que la acosaba y así al menos poder conocer un poco más de él y el por qué de que siguiese atrapado en el mundo de los vivos, vagando sin encontrar jamás el perdon, el descanso eterno que todas las almas desgraciadas buscaban. Subía las escaleras sin prisa alguna, total tenía todo el tiempo del mundo, no empezaría las clases hasta la semana siguiente y estaría bien al menos memorizar el camino para no perderse en otra ocasión. Según ascendía la sensación de frío se hacía más notable, estaba seguro de que no todos lo notaban pero ella debido a su sensibilidad si. Su mente se disparó y enseguida dio con la solución, fantasma. Al parecer toda la energía, que minutos antes había podido comprobar abajo, que rodeaba el lugar creando un ambiente tenso y cargado, pesado y casi insoportable provenía de los pisos superiores. Realmente algo terrible tuvo que haber ocurrido en aquel lugar para que la fuerza de dicho magnetismo fuese capaz de rodear un lugar tan grande...la piel se le puso de gallina al pensar en la cantidad de fantasmas que tendría que conocer en aquel lugar y a juzgar por el ambiente de tensión no todos serían..."amigables".

  Llegada al piso superior se cruzó con un hombre, el olor a alcohol desentonaba con el de la suave fragancia de la chica que pronto pudo comprobar el estado de embriagez del individuo. Este apenas le dedicó una mirada pero no parecía mirarla a ella, miraba más allá....mucho más allá, y tras aquello salió despaborido de aquel piso, como si alguien le hubiese pinchado en el culo con un pua. Se encogió de hombros y avanzó por el pasillo abrazandose los brazos a causa del frío, dando pasos lentos y medidos, sin perder detalle con sus ojos azules-verdosos de lo que ocurría a su alrededor. Ya llevaba medio camino recorrido cuando se topó con una mujer mayor que estaba de espaldas, enseguida frenó y fue a pedirle disculpas cuando esta se giró levemente, dejandole ver a la jovencita las cuencas de sus ojos vacias, sus inexpresivas facciones y sus manos casi colgando de los extremos de sus brazos a causa de dos profundos cortes sangrantes. Bestrice se quedó quieta, había aprendido que a veces debía hacer como si no lo hubiese visto, ignorarlo, y si este realmente no deseaba nada se iría...y así fue, tan pronto como aquella terrorífica mujer había llegado se fue. Al fin podía respirar tranquila, apretó el pasó y no miró atrás, quería llegar ya a su habitación sin ningún otro encontronazo como aquel, deshacerse de los tacones y el vestido y ponerse comoda para comenzar a instalarse.

 La 205 se encontraba casi al final del pasillo, ya los últimos pasos los había dado a la carrera y es  que notaba la presencia de alguien más en su nuca, algo que para nada era bueno. Una respiración cálida y aterradora que lograba hacer desaparecer el frío que en esos instantes sentía. Con manos casi temblorosas acertó a encajar la llave en la cerradura para así poder entrar y cerrar tras de ella casi de un portazo, tan pronto como entró la respiración desapareció...se había sentido observada y sabía que aquella respiración no era de un solo ser, si no de más de uno, de todos aquellos que ya se habían dado cuenta de su presencia y de lo que ella podría hacer. Ya más tranquila giró sobre si misma para contemplar un instante la oscura y victoriana habitación, apenas podía descirnir una cama y algunos muebles más pero con aquella oscuridad era dificil decir qué era qué. Se quitó los tacones, dejandolos a un lado bien colocados y se acercó a las ventanas para abrir un poco las cortinas y dejar que la luz incidiese en la habitación, al fin podía ver su nuevo hogar. La decoración era muy parecida a la de los otros pisos pero no demasido recargado, era algo más sobrio y oscuro y le gustaba. Dejó las llaves en la mesa de noche y abrió las maletas que descansaban en la cama, estaba tan concentrada en cambiarse y ponerse comoda que apenas había reparado en la presencia que en esos momentos la acompañaba. El dueño de la habitación.

  Se deshizo del vestido desabrochandolo por detrás y tras encontrar un camiseta oscura se la coló por encima de los brazos dejandola caer por su figura sin añadirle nada más. Le encantaba ponerse camisetas anchas y ya esta, sentir la libertad de movimientos y al fin la comodidad de poder estar sola y en privacidad tal y como a ella le gustaba. Deshizo la coleta peinandose la rubia melena con los dedos, muy suavemente y se giró, le había parecido ver algo por el rabillo del ojo reflejado en uno de los espejos de la habitación. Dejó las maletas como estaban y anduvo por la habitación buscando algo que llamase la atención, algo que le dijese que allí había alguien más. Enseguida encontró ese algo, un sillón. Un sillón antigüo que a juzgar por el estilo debería de estar ya en mal estado y casi cayendose a cachos pero no era el caso...un aura poco común rodeaba aquel pequeño apartado de la habitación. Tomó aire y comenzó a acercarse con cuatela, esperando a que el fantasma hiciese su apareción, sabía que lo haría, tarde o temprano lo haría. Era valiente pero no podía evitar escuchar sus propios latidos presionando contra sus oidos y su pecho, estaba nerviosa...se colocó junto al sillón, sintiendo como el frío y una mirada que no podia ver se colaban por su cuerpo, llenando todo los poros de su piel, confirmando que allí no estaba sola. Alguien más la acompañaba y esperaba que pronto este diese señal de "vida".
 
  No era habitual en ella conversar con fantasmas pero ya que al parecer tendría que compartir habitación con un muerto que menos que presentarse y ser educada, debería intentarse llevar bien con él o las cosas podrían acabar realmente bien. Carraspeó y su voz salió casi en un susurro, volvió a tomar aire y lo volvió a intentar. Esta vez su voz salió natural, dulce como siempre y dejó que el ser que la observaba supiese de ella:

 -Mi nombre es Beatrice, Beatrice Albarn...Si estas ahí, muestrate porfavor.
 


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Re: «Hotel room nº 205» Beatrice Albarn

Mensaje por Alphonse B. Deutsch el Miér Mayo 07, 2014 9:58 pm


Hotel room nº 205

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Esperaría. Esperaría el tiempo necesario, total, otra cosa no podía hacer dentro de esas malditas cuatro paredes. ¿Cómo convivirá?, ¡no puede!, quiere estar solo, él y su único recuerdo tortuoso en aquél infierno donde los recuerdos revolotean en todas partes, incluso su esencia ya está impregnada. Además, vivir con un monstruo no es la cosa más sensata que uno pueda hacer, ni siquiera fiarse de un ex soldado violador de mujeres, ¡momento!, aún lo es y lo seguirá siendo. Entrecerró sus ojos mientras las luces aún yacían apagadas, disfrutando otro de sus monólogos internos, ¿qué es lo que iba a hacer cuando le conozca?, a estas alturas ya todos deberían de conocer la leyenda. Y abrió sus ojos, le haría vivir una horrible pesadilla porque puede ser el peor cuando se lo propone, o simplemente aceptar que en algún momento alguien dormiría allí. Sí, lamentablemente él también es un cliente fantasmagórico así que está en su derecho pedir amablemente que se cambie de sitio.  

En cuestión de minutos entró, la vio y siguió cada movimiento con ambos orbes azules, hasta parecían que brillaban en la misma penumbra de la noche. Se recostó mejor en el respaldo del sofá, viendo el espectáculo que ofrecía aquella rubia, la nueva dueña del sitio. En parte pudo confundirla perfectamente con Gretel, pero luego recordó que ésta no se atrevería ni a mirar la puerta, no luego de lo que le hizo, y el bastardo no se arrepentía, al contrario, reía diariamente como un niño que hizo una travesura. Mantuvo el mutismo, apreciando cada curva femenina, aquella al parecer no puede percatarle y como un depredador hambriento, estuvo expectante hasta que aquello terminase. Notó que ella captó su presencia, y frunció el ceño apenas ver el espejo, odiaba los espejos, ¿cómo es que había uno ahí?, si solemnemente se había deshecho de todos. Apretó los labios, pero se contuvo demasiado en tanto su rostro permanece sin rastros de emoción.

Olisqueó el ambiente, el aroma de la jovencita se esparcía sutilmente por su morada. Enarcó una ceja cuando ésta comenzaba a acercarse, un poco curioso, ¿sentía que él estaba allí? Alzó la barbilla con cierta prepotencia, parecía una escena típica de un animalito a punto de adentrarse a boca del lobo y eso le provocó una pequeña sonrisa divertida. Debe darle crédito, no huyo despavorida, al contrario prefirió ir de frente y encarar al silencioso tigre que esperaba dar el gran salto para aprisionarla entre sus garras. — Oh, vaya… Me has descubierto —murmuró, aún sin hacer acta de presencia. Haciéndose uno con la oscuridad. Pero de un momento a otro, se reveló, tomándola de la mano y sentándola en su falda.

Mi nombre es Alphonse y cómo podrás ver, he muerto en está habitación —destacó en un tono íntimo y apreciando su rostro angelical. Sin duda alguna, las rubias deben ser su maldición. Más allá de eso, selló los labios, pestañeando y aprovechando el contacto del cuerpo ajeno, no omitió alguna otra acción, puede ser también un galán de porte caballeresco. — ¿Por qué la has tomado? —pidió, no exigió, pero sin el tono demandante, al revés, en un suave habla calmado. Sus grandes manos, la apresaban por completo, y terminó por envolverla entre sus brazos para que no escapase sin antes tapar sus dudas, o sin antes devorarla… — Deshazte del espejo —susurra, apegando sus fríos labios al oído de la fémina.

             




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Re: «Hotel room nº 205» Beatrice Albarn

Mensaje por Beatrice Albarn el Jue Mayo 08, 2014 3:10 pm

  Su nuevo compañero no se hizo de rogar y encuanto la tuvo al alcance de la mano la hizo suya, reveló su identidad y no solo eso, si no que además respondió a la cuestión de la jovencita. Beatrice se vio envuelta en el cuerpo del tal Alphonse, el dueño de la habitación, que con todas las libertades del mundo pero sin faltar al respeto la había sentado en su regazo y en aquel instante rodeba su cuerpo con los brazos, apresandola como si temiese que se marchase antes  de saciar su curiosidad pero lo que aquel puesto hombre rubio, de ojos glaciales y profundos, expresión divertida e incluso picarona, apuesto y de edad media era que Beatrice estaba más que acostumbrada a ese tipo de encuentros y no pensaba salir corriendo. Aquella habitación era su nuevo hogar y aunque Alphonse pudiese negarse a compartirla ella no pensaba irse por las buenas.

  -Entonces..me gustaría pedirte permiso para convivir contigo en esta habitación...-Comienza diciendo con tranquilidad, mirando de reojo al mayor que parecía deborarla con la miarada, podría llegar a sentirse cohibida pero ella no era así.- Yo no tomé la habitación, me dieron la habitación que nadie quería por orden de mi padre...dijo que así no molestaría y que quizás me sentiría más cómoda. El opina que si estoy rodeada de cosas raras como yo no llamaré la atención ni daré problemas....
 Se encoge de hombros suspirando, su padre y su actitud de incrédulo lograban de sacarla de quicio. No entendía que ella no se lo inventaba que todo lo que veía estaba ahí de verdad, que los muertos se le aparecían  y buscaban su ayuda de las maneras más insospechadas...sin embargo era más fácil decir que la niña era rara y estaba loca a causa del trauma que le provocó la muerte de su madre y que por eso estaba siendo tratada por especialistas. Beatrice siempre se decía, para tranquilizarse, que la realidad era mucho más dificil aceptar que un cuento chino que servía para autoconvencerse de qué es lo correcto. No podía apartar la mirada de aquel hombre muerto ¿Quién había sido? ¿Qué le habría pasado? Despertaba su curiosidad y no era menos, era muy apuesto y parecía haberse dado cuenta casi a la primera de que ella era capáz de sentirle, aunque claro ella se lo había hecho saber en voz alta. No sentía su calor, ni el latido de su carazón, tan solo sentía frío y una existencia vacía que llenaba un espacio magneticamente, más bien mediante energía...energía que debería estar muerta, en otro lugar que no fuese el mundo terrenal. Su familia nunca había creido en otra existencia que no fuese la vida y ella misma, de no tener ese "don" que poseía también lo habrá sido.

 Trató de acariciar con suavidad una de las manos ajadas del mayor, de Alphonse, pudo notarla, notar su piel y su corporeadad. Ese hombre estaba allí de verdad y reclamaba su atención y no era menos pues ella sin permiso se había autoinvitado a su "morada", al lugar en el que el vagaba cual alma en pena...quien sabe, atormentando a lindas jovencitas y valerosos caballeros. Que menos que pedirle permiso y comprobar que no estaba en desacuerdo, la verdad no sería lo esperado si decidía no darle permiso...ella no tendría otro lugar al que ir y realmente quería comenzar de cero en aquel lugar y en aquel instante, sin dar más vueltas. Allí.

 Ahora que lo pensaba si realmente accedía tendría que cambiarse y ducharse delante de él...podría ser incomodo si lo pensaba pero llevaba haciendolo toda la vida así que lo mejor era no pensarlo y centrarse en otra cosa. En la última pregunta que había realizado. Los espejos. Los espejos eran capaces de delatar a un fantasma o incluso dejar atrapada a un alma en el momento de su muerte en él...entendía la petición pero si quitaba el espejo ella no tendría en donde mirarse ni arreglarse...quizás conseguiría llegar a algún tipo de acuerdo con Alphonse.

  Un escalofrío recorrió su columna, los labios helados del rubio rozaban su oreja con suavidad. Tembló y suspiró para ponerse a hablar después comenzando su proposición, algo con lo que ambos saldrían ganando. No podía distraerse, eso significaría caer en su juego, bajar la guardia y quizás salir perdiendo y algo más, herida y vejada. Negó con la cabeza para si misma y giró un poco el cuerpo, para mirarle sin levantarse de él:

  -No puedo quitar el espejo, en algún lugar tendría que mirarme pero puedo taparlo todo el tiempo que no lo use si te parece bien -Señaló el único espejo de la habitación con la cabeza.- no puedo salir a la calle sin peinar o sin saber si lo que me he puesto es apropiado o no...

  Parecian argumentos un poco tontos pero era cierto que sin un espejo no podría arreglarse y cuidar su imagen de chica a la moda, de jovencita moderna y quizás le servía más de tapadera para parecer un poquito más normal de lo habitual. Alphonse, seguro era bien mayor y había oido sandeces parecidas...ser reiría de ella por sus inseguridades y acaría dejandola en ridiculo, parecía de ese tipo de hombre, aunque por el momento no había perdido las formas. Suspiró esperando que no fuese así y que este se apadiase de ella y aceptase su petición, no solo la primera si no también la del espejo.

 Beatrice cruzadaba los dedos por dentro y esperaba que todo salise bien.


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Re: «Hotel room nº 205» Beatrice Albarn

Mensaje por Alphonse B. Deutsch el Jue Mayo 15, 2014 6:56 pm


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Quería conocerla, pero no de una manera normal, sino una a su estilo, mejor ni saberlo. Está enfermo, y su mente es un difícil rompecabezas de muchas piezas sueltas, siendo él el causante de esconder algunas para que se te complique el juego. Sin pudor, recorrió la delicada espalda de la rubia, sintiendo entre las yemas de sus dedos ése calor tan propio del ser humano, a diferencia de él, era gélido además, tiene un extraño querer de sentir calor. Remolinos de retorcidos sentimientos se iban acumulando, e incrementaba apenas tenerla allí como una niñita en sus piernas. Río apenas escuchar su propuesta pacífica, ¿qué decir? No es una persona que recurra mucho a la mentira, franco a diestra y siniestra cuando se le da la gana. — No te dejaría dormir en las noches ni en el día, ¿quieres correr el riesgo? —preguntó en un tono divertido y travieso, las palabras tenían dobles intenciones muy bien camufladas. Ya estaba pensando seriamente en volverla una suculenta presa, ¿y por qué no?, una compañera de juegos en aquella habitación. Que podría parecerse en ocasiones a un País de las Maravillas por las extravagantes ocurrencias del alemán para ahuyentar a las personas de su recinto.

Él, el sombrerero loco, y ahí sentada, su Alicia quién sabe de aquél mundo. ¿Coincidencias?, él no cree en esas cosas… Prefiere llamarlo destino. — Comprendo, aún así tu padre es un idiota por meterte en terrenos que desconoce, es como si te hubiera metido en un campo minado… —murmuró suavemente, una voz aterciopelada, atractiva y relajada. — Pero si vas a quedarte aquí, seguirás mis reglas —impuso, dando el Sí que ella quería escuchar, es un experto consentidor que le gusta ganarse de vez en cuando a sus víctimas. ¿No es así como engatuso a la mayoría de las mujeres en sus días de gloria?

Volvió a reír, está vez de manera maliciosa. Acarició tersamente el cabello de la joven, y la admiró en silencio por un lapso de segundos antes de responder a su problema, pero él tiene la solución, pues, la tenía preparada de antemano. Es humana, y como una “corriente” adolescente necesita de embellecerse pero como dijo, deberá seguir sus demandantes reglas. No por nada lo pedía y es lo mínimo que exige para empezar con un buen pie, así que esto es la parte más difícil. — Yo te peinaré y seré tu consejero de moda. Pero por el amor de los difuntos, quita el maldito espejo. —Si seguía persistiendo, aumentaría el precio sino terminaría rompiendo él, el objeto con sus propias manos como ya ha hecho varias veces e incluso se le puede acusar de romper varios en algunos lados del hotel. Simplemente es un miedo a verse reflejado en ellos, no quería verse en su estado actual, tampoco quiere saber absolutamente nada… Y peor aún, teme ser tragado.

Su expresión era neutral, fría y distante, pero una abrumadora aura de seducción desprendía por sus poros, la tomó del mentón y clavó su vista azulada en los de ella. — Bienvenida Beatrice —dijo cada letra de su nombre con gusto, acercó sus labios a los de ella, disfrutando de su acción tan peligrosa; los unió en un beso profundo y corto, los labios femeninos sin duda le sabían a dos ricas frambuesas. Pero era su modo de dar la bienvenida en una forma bastante “amistosa”, pero cualquiera sabe que de amistoso no tiene nada. La bajo con cuidado, y terminó parándose. Miró la cama, él no necesitaba de dormir, ella puede perfectamente quedársela eso sí, adrede se metería por debajo de las sábanas. — Si llegó a ver desorden, quemaré tus cosas. No invites a nadie a la habitación, excepto si pides comida o viene una limpiadora. —Más puntos a seguir, ¿habría más?, sí, hay más. Camino lentamente por el lugar, mirando todo a su alrededor. — Ni se te ocurra leer mi diario, sino cortaré tus dedos y los haré adornitos para colgar. No me hables entre las 00 y la 1 de la noche, me pongo arisco. —Se giró y la escudriñó en la medida que se le acercaba—. Pero sobre todas esas cosas, cuida tus espaldas porque estarás viviendo con un tigre. ¿Alguna pregunta?    




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Re: «Hotel room nº 205» Beatrice Albarn

Mensaje por Beatrice Albarn el Jue Mayo 22, 2014 8:15 am

- Al final te aburrirás de intentar molestarme, aún así como comprenderás necesito dormidir...no me importa si me miras mientras

  Le responde sinceramente, tensa sentada entre sus piernas, notando al diablo soplando a su oreja, atrayendola al lado oscuro, era irresistible, magnético y muy listo, ya no podía huir, la tenía completamente atada. Y lo peor es que no quería irse, quería saber más de ese hombre y probar de los propios labios de aquel lobo lo que era la pasión y la demencia, le encantaba el peligro, era masoquista y lo sabía aún así aquella experiencia seguramente superaba con creces todo el dolor y el peligro.

 Sentada en su regazo, a su merced escucha con paciencia todas y cada una de sus reglas, no le parecen demasiado exigentes tampoco es como si ella fuese a tener una vida socialmente activa, además era una chica ordenada  y muy limpia, no le iba a ser necesario quemar su ropa y por último el espejo, no le quedaría otra que fiarse de Alphonse para peinarse y vestirse, esa era la única manera de poder convivir con el en aquella habitación, la única libre en todo el hoterl para ella. Pues su padre ya había hablado con los del hotel y le habían dicho que esta era la única habitación que podían ofrecernos y sabiendo de sus antecedentes pues aún con más razón.No le quedaba otra que aceptar y apechugar con la que se le venía encima.

 Todo aquello era aún más demencial que el mundo de las maravillas de Alicia, allí estaba el sombrerero loco y la pobre Alicia atrapada en dicho mundo y sin manera de escapar. Se había dejado manosear  e incluso besar, beso que interpretó como algo "amigable" y nada  más allá, eso si pudo notar la frialdad de los labios de Alphonse y alguna que otra mala intención. Hizo como si nada, tan si quiera lo correspondió ni cerró lo sojos y una vez la permitió ponerse en pie habiendo terminado su perorata ahora le tocaba a ella poner de su parte. Asintió con la cabeza en silencio y cotoneandose se acercó al único espejo que decoraba la habitación, ya que a este no le gustaba lo quitaría en aquel mismo instante, lo cogió en brazos y abrio la puerta para dejarlo tirado en el exterior y mientras volvía a entrar se limpiaba las manos del polvo.
 
  -Bien, una cosa menos y si ahora me lo permites pondré mis cosas en orden de tal manera que no te estorben, si quiera tocaré tu sillón ¿Te parece? -Se vuelve a acercar a él sonriendo satisfecha, estaba aún más cerca que la vez anterior y divertida le sigue el juego, estaba jugando con fuego y podría quemarse pero nunca antes había podido sentir la adrenalina del peligro en su ser y era lo que deseaba.- Y si tengo una pregunta ¿Cuando empieza el espectaculo fiera asesina?
 
   Se la estaba jugando pero bien con aquella incitación solo esperaba que se lo tomase como una broma y no al pie de la letra y empezase con su "tortura" en aquel momento, de verdad estaba cansada del viaje y quería instalarse y echarse en la cama relajadamente pero claro visto lo visto el relax en aquella habitación era un tesoro bien guardado, vamos que le sería imposible pues ya este había prometido colarse bajo las sábanas mientras durmiese, parecía no pensar dejar que durmiese. Estaba claro que necesitaba dormir pero tampoco le molestaba dormir poco y si el que no le dejaba era él no podría negarse, aquel hombre era todo un don juan y sabía como tratar a las señoritas a pesar de después poder ser un bruto y eso a Beatrice le agradaba.

 Lo estudió con la mirada,  sus ojos eran gélido pero veía en ellos algo mucho más que frialdad ¿Qué era? De verdad que despertaba su curiosidad y no solo por la manera en que la trataba pues así podría estarlas tratando a todas, si no porque aquel hombre resultaba un auténtico enigma, un tesoro bien guardado bajo una dura corada helada. ¿Conseguiría descubrir algo más de el en su conviviencia junto o este tan solo se aprovecharía de ella?Tendría que esperar a ver y eso era lo que alimentaba su nerviosismo y la adrenalina, no sabía qué podría esperarse del sombrerero loco pero nada bueno, de eso no tenía duda.

  Así la estúpida y masoquita Alicia se dejó hacia el mundo oscuro de maravillas del experto cazador Sombrerero ¿Qué creeis que les pasará a esta parejita más que peculiar? Habrá que esperar a ver pero eso si, este encuentro no estará falto de momentos excitantes, adrenalina y quizás hasta terror. Pobre Beatrice, esperemos que sea tan fuerte como afirma para combatir contra aquel leon ambriento, aquel depredador disfrazado de galante caballero...claro así caía cualquiera ¿Caeríais en su trampa también vosotras y Beatrice? Beatrice ha caido de lleno pero seguro que es capáz de enfrentarlo, es fuerte y decidida, valiente y tiene muy claras sus ideas pero le gustará eso a Alphonse, eso parecía.

   Esperemos con paciencia y todos estos enigmas serán contestados muy pronto.


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Re: «Hotel room nº 205» Beatrice Albarn

Mensaje por Alphonse B. Deutsch el Jue Mayo 22, 2014 10:33 pm


Hotel room nº 205

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La admiraba en los pequeños minutos de silencio de su parte, estaba en su mundo, y lo mejor era no despertarlo, ya que, está disfrutando de ése momento tal como si fuera una preciosa obra de teatro. No apartó la mirada, podía decirse que sus ojos brillaban cuando hubo un crucé de miradas, un juego intenso e hipnótico que duro demasiado poco. Procuró seguir sus movimientos, incluso cuando ella se deshizo del espejo que tanto le enfermaba. Asintió en mutismo, y no se movió cuando ella dio un paso, cerca, demasiado. Es un demonio de ojos azules, que mueve los hilos como si fueran títeres y por supuesto, le encanta jugar con sus muñecos pero que cuando se aburre no los rompe, los deja quietos para volver a jugar. Al menos eso es algo que ha aprendido en su estadía en el hotel. Abrió los ojos con cierta sorpresa, es muy fácil provocarle y aquella jovencita con sus provocativas palabras, lo acaramelaron.

Uh, debo admitir que eso ha sido atrevido. —Sus manos bajaron a la cintura ajena, apegándola contra su fornido cuerpo sin mirar hacía ninguna parte y danzando en ése extraño baile seductivo. Sabe que era una broma, pero es un oportunista y un bastardo que aprovecha cualquier frase a su favor. — No pensé que querías ser comida tan rápido. —Las manos varoniles del mayor eran traviesas, contorneando cada curva del cuerpo femenino. Caricias sutiles pero demasiado sugerentes para encenderla. La empujó a la cama, y sonrío traidoramente para después atraparla en sus garras, estando encima para no dejarle alguna posibilidad de escapar.

—  ¿Ahora entiendes a que me refería con que no te dejaré dormir? —susurró juguetón, siempre fue un pecador de la lujuria, y aún sigue siéndolo. Rozó la punta de la nariz en su cuello al buscar olfatearla, un aroma exquisito que decía: carne joven. No es su culpa pecar de pedofilo, después de todo, no hace esto hace mucho tiempo aunque no lo parezca. Se apartó y terminó sentándose en la orilla de la cama. — Ten cuidado con lo que dices, la próxima no habrá piedad. —Despacio fue parándose. Aquello había sido una advertencia, pero sabe que ni eso ayudaría porque siempre está al acecho. Arregló su camisa y su melena rubia. Tomando asiento en su sillón individual, entrelazó los dedos y tomó una postura bastante sosegada.  

Desconoce que hora es, por lo que sacando conclusiones presurosas, supone que ella debe dormitar. Recién se había mudado y lo mínimo que hace es darle su espacio personal, hasta que él se aburra. De repente recordó su diario personal, y se levantó porque lo guardó improvisadamente en uno de los cajones. Es lo único que pudo rescatar de sus cosas, al menos se alegra por ello. Lo abrió con devoción, y sus ojos se afilaron, las memorias de un ex soldado traidor violador de mujeres con un diario íntimo, ¿quién lo diría? — Esto —señaló—, no te atrevas a tocarlo. —Mostró una expresión bastante fría, pero intuye que es como decir: no toques el botón, y la gente lo toca de todas maneras. Lo prohibido atrae, después de todo.




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Alphonse B. Deutsch

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